martes, 15 de febrero de 2011

Desaparecidos.

Tres habitaciones, cada una con sus enormes paredes grises cubiertas por una serie de fotografías. Algunas en blanco y negro, otras en color. Unas con múltiples personajes y otras simplemente fotografías de objetos. Algunas diminutas y otras colosalmente grandes. Unas desenfocadas y otras dolorosamente enfocadas. El único elemento común que logro ver entre todas las fotografías escogidas son dos: Todas tiene una breve explicación. Qué ves. Quién desapareció. Donde lo hizo. Cuando se lo llevaron. El segundo elemento sería que no hay fotografía que no logre tranmitir, con una punzada de realismo y sencillez, un sentimiento amargo que nos recuerda que el futuro no se puede construir en base al desconocimiento del pasado. No hay ser humano menos humano que el hombre, y una vez asumido y digerido nuestra cruda realidad y condición, es necesario brindar huecos como este para recordar los errores del pasado y presente, para al menos intentar no errar nuevamente y de la misma forma.
Ante la ausencia física, el recuerdo se vuelve determinante. La certeza que invade a pesar del dolor de la muerte de pensar que estarán descansado en una cierta paz y tranquilidad. Saber a ciencia cierta que al acabar su vida, se acabó toda felicidad, pero también todo sufrimiento.
Es una exposición sencilla, la materia prima escogida no es ni mucho menos lo mejor que tiene Gervasio Sánchez, pero es lo justo y necesario para dar a conocer al público realidades que aún a día de hoy están cubiertas por kilos de mierda. La ausencia de las personas a las que queremos es inegablemente duro. Pero ni siquiera saber cual ha sido el paradero de un familiar ha de ser deseperante, logrando este sentimiento ser magistralmente transmitido por el fotoperiodista.
El legado que puede dejar atrás una persona es su verdad y su identidad. Pero para los familiares de un desaparecido esto no existe. Oscilan entre la muerte y la vida. Oscilan entre la salvación y la perdición, y no hay medios ni interés para continuar con su historia o simplemente ponerle un punto y final como es debido.
La Real Academia Española define la palabra desaparecido, a de la siguiente forma:

1. adj. Dicho de una persona: Que se halla en paradero desconocido, sin que se sepa si vive. U. t. c

2. adj. eufem. muerto (sin vida). Apl. a pers., u. t. c. s.

Una señora con fuerte acento chileno, pelo grisaceo, expresión marcada y mirada perdida cuenta en el vídeo que a ella la desparacieron, en el golpe de Estado dado por Augusto Pinochet; Su marido, sus dos cuñados y sus cuatro hijas. Dos de ellas estaban embarazadas. Nunca supo nada de ninguno de sus familiares desaparecidos. Ni siquiera sabe aún a día de hoy cual fue el paradero de sus nietos. ¿Llegarían a nacer? ¿Morirían por las malas condiciones dentro de su propia madre? ¿Morirían con su madre simultaneamente? ¿Viven aún a día de hoy? Nadie sabe. Nadie responde. Parecen ser olvido para todos ya, excepto para ella. Asique pasarán a la historia, como tan adecuadamente titula el autor, como meros desaparecidos. Así de simple, así de llano: Personas que no tienen una historia que contar, porque su historia no se sabe.
Son las voces más acalladas de los régimenes dictatoriales y de los enfrentamientos bélicos. Son las voces que deberían resonar en nuestras conciencias pero que no lo hacen porque parece que para ser meritorio en la historia se necesita de un gran final. Son la sombra de las millones de personas que aún a día de hoy no saben cual es el paradero de aquella persona a la que trajeron al mundo o que juraron quererla de por vida. Son los bosquejos de la historia que a nadie parecen llamar demasiado la atención.
Todos en realidad saben que sus familiares han muerto. Es la táctica y estrategia más común en regímenes que son el reflejo de la barbarie y decadencia humana como fueron Pol Pot o Augusto Pinochet. Pero lo único que piden es poder llevar acabo un duelo y poder enterrar a quienes quieren de una forma digna. Piden algo tan atroz como que se reconozca la muerte de sus seres queridos, para que ocupen adecuadamente el espacio que han de tener en la memoria individual y colectiva de las personas y de la historia. Poder asegurarse que quienes quieren descansan en paz, y así ellos poder hacerlo.

Suena: Rachel Yamagata - I´ll find a way